Navegación Los romanos llegaron a la Península Ibérica en el año 218 a.C. Escipión desembarcó en Ampurias con la mente fija en los ricos recursos de aquel territorio, sin sospechar, probablemente, que Roma tardaría más de dos siglos en completar su conquista. El País Vasco sólo empezó a sentir su presencia hacia 179 a.C., cuando se fundó la ciudad de Gracchurris (Alfaro). Los distintos pueblos prerromanos que ocuparon esta zona trabaron con los conquistadores diversas relaciones, que fueron desde la resistencia hasta la cooperación. La romanización en el País Vasco, a diferencia de lo que ocurrió en otras zonas de la Península Ibérica, no fue muy intensa.
En el año 218 a.C. tiene lugar el primer contacto de los romanos con la Península Ibérica, durante la segunda guerra Púnica. Comandados por Gneo Cornelio Escipión, los romanos desembarcan en Ampurias. La situación estratégica de la Península y su riqueza (cereales, vino, minerales, ganadería, esclavos) la convirtieron en objetivo militar preferente.
Aun así, la penetración se produce de forma gradual, con avances y retrocesos. En el año 19 a.C., finalizadas las guerras con los cántabros, se considera oficialmente conquistada la Península. En la siguiente ilustración puedes ver las provincias en las que quedó dividida la Hispania romana. El interés romano por instalarse en el País Vasco se explica, sobre todo, por la explotación minera y el control de las rutas marítimas y terrestres.
Para estudiar este periodo histórico, es importante conocer las fuentes históricas que nos proporcionan información. Son de distintos tipos:
Antes de que llegaran los romanos, el País Vasco estaba habitado por una serie de pueblos. De oeste a este, ocupaban el territorio vasco los autrigones, los caristios, los várdulos y los vascones.
La organización social de estos pueblos se caracteriza porque los objetos que poseían demostraban sus privilegios. Sus límites territoriales son difíciles de precisar, excepto en el caso de los vascones, que cuentan con fronteras naturales bien definidas y estables: el territorio actual de Navarra y la zona de Oiasso (Irún).
Los territorios vascos se integraron en la provincia tarraconense de la Hispania Citerior. Roma les impuso su organización social y administrativa.
Los territorios tarraconenses se dividen en dos conventus:
Dentro de cada convento había distintas civitas, con diversos regímenes administrativos. Gracchurris, por donde se extendieron los vascones en el siglo I, y Cascantum son civitas de derecho latino. Pero el resto de las poblaciones vascongadas tienen rango de estipendiarias. Más adelante, Vespasiano concederá este ius latii a toda la Península y Caracalla extenderá la ciudadanía romana a todo el Imperio en el año 212. Esto significó la equiparación de todas las organizaciones administrativas locales.
Hay un amplio muestrario de elementos que dan testimonio de la presencia romana en nuestro territorio, fundamentalmente en Álava y Navarra.
Esta presencia, sin embargo, no es homogénea: el valle del Ebro y las riberas de sus afluentes sufrieron una mayor romanización, mientras que los valles de los ríos que vierten al Cantábrico permanecieron menos influenciados por la cultura latina. Probablemente esto se debió a que estos son valles cerrados y profundos, menos aptos para la agricultura de tipo latino, y probablemente ocupados por bosques o pastizales. Los romanos llamaban saltus a estas zonas no cultivadas, para diferenciarlas de las cultivadas o ager.
El área más romanizada está Álava, en torno a la zona de Asturica-Burdigala a partir de Miranda. Aquí el urbanismo es mayor, hay evidencias de explotación agropecuaria de tipo romano y la cristianización es más temprana. En cambio, los valles cantábricos muestran una menor influencia latina. Así, en Guipúzcoa y Vizcaya sólo puede asegurarse presencia romana en algunos refugios costeros naturales (Gernika, Irun) o junto a yacimientos mineros.
Las circunstancias geográficas y el diferente interés económico que suscitaban ambas zonas provocaron que Roma favoreciera a unas en detrimento de otras. De este modo hubo zonas que mantuvieron sus formas de vida ancestrales a lo largo de los cinco siglos que duró la presencia romana en la zona: el euskara, el derecho consuetudinario y el primitivo régimen ganadero-pastoril sobrevivieron a Roma.
Las zonas más romanizadas sufrieron una importante aculturación. Pero se vieron favorecidas con importantes obras de infraestructura para explotar sus recursos: sistemas de comunicaciones (marítimas, fluviales, terrestres) y un complejo dispositivo de seguridad para facilitar el acceso a los recursos.

La urbanización es un fenómeno importado de Roma. En el territorio vascón hay más de 200 asentamientos romanos catalogados. En los restos del oppidum de Iruña (cerca de Vitoria), construido el siglo I a.C., se aprecian las murallas, calles y edificaciones; entre Lodosa y Mendavia se encuentran las ruinas de un centro y de un acueducto; en la cima del monte Urkulu, en el Pirineo, hay una torre en forma circular.
También hay restos romanos en el litoral. Utilizaron las desembocaduras de los ríos como puertos para transportar a Burdigala (Burdeos) los minerales extraídos en las minas del País Vasco. Entre estos puertos tenemos la ría de Bilbao (explotación de minas de hierro), Vesperie (tal vez el actual Bermeo), la ría de Gernika (restos en Forua y minas de mármol de Ereño), Tritium Tuboricum (Mutriko o Deba), Menosca (Getaria) y Oiarso (Oyarzun), que era el puerto de salida para la plata y el plomo de las minas de Arditurri, junto al río Bidasoa, y las de Adarra, junto al Urumea.
Las calzadas romanas tenían una doble finalidad, militar y económica. Así, permitían los desplazamientos militares y aseguraban la pax romana, y formaban parte de la infraestructura de explotación económica. Las rutas romanas que atravesaban el País Vasco lo comunicaban por una parte con el Mediterráneo y con el noroeste peninsular, y por otra con Aquitania. Enlazaban dos grandes vías: la del norte, Narbona-Burdigala, y la del sur, Tarraco-Ad Legiones VII Geminam. Desde Briviesca y Miranda, esta vía cruzaba los Pirineos por el alto de Ibañeta, para llegar hasta Burdeos vía Dax. Entre sus puntos importantes estaban Tullonium (Dulantzi), Arakil y Pamplona. Contaba con ramales secundarios que salían desde Pamplona en dirección norte (hacia Oiasso) y sur (hacia Caesaraugusta).
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