La unidad psicofísica de la persona resulta indivisible. La salud física, al fin y al cabo, está supeditada al equilibrio psíquico. El ejercicio físico ayuda a alcanzar una salud mental positiva, así como a prevenir patologías mentales (ya que nos refuerza ante los factores de riesgo que las originan) y también como terapia. Por lo tanto, debemos tener claro que estas indicaciones no van dirigidas únicamente a quienes presentan una patología. Resulta saludable para todos alcanzar un equilibrio psíquico y una visión-actitud positiva y optimista ante la vida.
La psicología del ejercicio dentro del ámbito de la salud es una rama en apogeo últimamente, debido principalmente a cuatro razones: está aumentando el prestigio de las terapias basadas en la autoayuda, se está subrayando la importancia de la prevención, están surgiendo nuevos ámbitos dentro de la psicología, están quedando en evidencia las limitaciones de ciertas terapias convencionales. Gracias a la actividad física a los pacientes de patologías mentales se les suministran menos psicofármacos y duermen mejor (además sin efectos secundarios).
Para poder disfrutar de estos beneficios, los ejercicios aeróbicos (de resistencia, a ritmo moderado) son los más indicados: caminar, nadar, bicicleta, footing… Tradicionalmente, en la psicoterapia el correr ha sido la actividad más empelada y estudiada. Entre las ventajas que presenta esta actividad podrían citarse: es natural, fácil de llevar a cabo, aplicable a los quehaceres cotidianos, sin apenas coste económico y requiere poco tiempo. De todos modos, se aconseja variar la actividad para romper con la monotonía y hacerlo más ameno.


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