El ejercicio físico puede incidir en la mejora del autoconcepto por medio de los siguientes factores: mejorando la condición física, alcanzando objetivos fijados, consiguiendo la satisfacción que supone aprender una nueva habilidad, facilitando sentirse identificado con personas con éxito, mejorando la imagen corporal y los sentimientos de bienestar hacia el cuerpo, desarrollando hábitos saludables, aumentando las relaciones sociales, recogiendo los refuerzos positivos producidos por las personas significativas, ayudando a sentirse protagonista ante los demás, condicionando la opinión de los otros sobre uno mismo, mejorando el reconocimiento social.
Debemos tener presente que en la actualidad: la importancia de la apariencia física se halla sobredimensionada, que el cuerpo viene a ser como el espejo para mostrarnos ante los demás, y que generalmente las actividades deportivas las realizamos de modo público. La actividad física condiciona desde diversas vertientes la percepción que tenemos sobre nosotros mismos: por la imagen corporal, la valoración que poseemos de nuestras habilidades y la que poseen los demás sobre nosotros (y así lo reflejan).
Gracias a estas mejoras puede elevarse la percepción física. Generalizando esa autovaloración puede extenderse esa visión positiva al resto de dominios, mejorando el autoconcepto general. Un buen autoconcepto garantiza un buen funcionamiento: tanto a nivel individual, social, como profesional o académico. De él depende sentirnos orgullosos y felices de nosotros mismos.


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